Seguimos inundadxs, por SADO. Fotoactivismo y vivencia de lo común

Ana Contursi

Resumen


El 2 de abril de 2013 tuvo lugar en la ciudad de La Plata, en el Gran La Plata y en zonas aledañas, como Berisso y Ensenada, la peor de las inundaciones recordadas en la historia de la región. Con un saldo de ochenta y nueve muertos declarados —y tras intentos sucesivos de ocultamiento— y pérdidas materiales por dos mil seiscientos millones de pesos, aproximadamente, el agua desembocó en muchos días de calvario para las poblaciones afectadas. Diversos informes y declaraciones develaron luego —en oposición a las afirmaciones del entonces intendente de La Plata, Pablo Bruera, y del gobernador de la Provincia, Daniel Scioli, que atribuyeron las causas de la «catástrofe natural» a la intensidad de las lluvias— los verdaderos motivos del desastre: la política de urbanización originaria de establecimiento de la ciudad en su sitio geográfico (un hoyo), la política reciente de urbanización descontrolada y vinculada al avasallante negocio inmobiliario, y la escasez, por no decir ausencia, de obras hidráulicas de escurrimiento y de canalización de las aguas en la ciudad y en las periferias.

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